Consultoría: Desarrollo de iniciativa de implementación inclusiva para meta 3 del marco global de biodiversidad post-2020



Posted on 04 noviembre 2022

PROYECTO GEF:
Planeación Nacional para un Enfoque de Conservación Inclusivo y Efectivo para cumplir la Meta 3 del Marco Global de Biodiversidad post-2020



Posición: Consultoría junior para acompañar al Gobierno de México en dar seguimiento y desarrollar una Iniciativa de Implementación Inclusiva y Efectiva para la Meta 3 del Marco Global de Biodiversidad (MGB) post-2020

Objetivo: 
Apoyar y acompañar al Gobierno de México a dar seguimiento tanto al Proyecto GEF como al desarrollo de una hoja de ruta para la efectiva implementación para la Meta 3 del Marco Global de Biodiversidad (MGB) post-2020, con base en una evaluación retos y oportunidades.
Meta 3. Garantizar que al menos el 30 % de las zonas terrestres y las zonas marinas del mundo, especialmente las de particular importancia para la diversidad biológica y sus contribuciones a las personas, estén conservadas por medio de sistemas ecológicamente representativos y bien conectados de áreas protegidas administrados eficaz y equitativamente y otras medidas de conservación eficaces basadas en áreas, y que se integren a los paisajes terrestres y marinos más amplios.

Duración: 12 meses (Diciembre de 2022 – Noviembre de 2023)

Cómo aplicar: 
  • Interesados enviar CV personal con 3 referencias (únicamente: nombre, cargo y contacto) y una carta de intención (1 cuartilla máximo)
  • Asunto del correo electrónico: GEFMeta3_ConsultorJr_Apellido
  • Envíe la documentación antes de la media noche (CST) del 9 de noviembre del 2022 a recluta.wwf@wwfmex.org
Requisitos mínimos y habilidades requeridas: 
WWF busca perfiles jóvenes y proactivos con experiencia en dar seguimiento a tareas diarias y de apoyo a trabajo interinstitucional, intersectorial y de múltiples actores. La persona seleccionada deberá contar con:
  • Licenciatura en temas afines (relaciones internacionales,  ciencias políticas, derecho, sostenibilidad, biología y ciencias de la tierra) concluida al momento de enviar la solicitud.
  • Entendimiento de los retos y problemáticas ambientales en México.
  • Conocimiento de la agenda ambiental internacional ( se considera una ventaja el conocimiento sobre el Convenio de Diversidad Biológica).
  • Experiencia en temas de facilitación y coordinación de grupos inter y multidisciplinarios será considerado una ventaja.
  • Experiencia trabajando con autoridades gubernamentales, algunos o varios de los tres niveles de gobierno en temas internacionales y/o ambientales en México será considerado una ventaja.Habilidad para trabajar en grupos interdisciplinarios y multiculturales será considerado una ventaja.
  • Habilidades superiores de comunicación escrita y verbal en español e inglés.
  • Capacidad para realizar múltiples tareas y trabajar eficazmente en tiempo y forma sin comprometer la calidad.
Nota: 
  • Las solicitudes que no cumplan con el formato requerido no serán revisadas.
  • Esta descripción del trabajo cubre las tareas principales y el tipo de tareas que se anticipan de forma proactiva por parte del personal. Se pueden asignar otras tareas según las necesidades de la consultoría.
  • WWF se reserva el derecho de modificar las fechas tanto de entrevistas como del proceso de selección de candidatos/propuestas, atendiendo a las condiciones sanitarias y cuestiones internas de la organización.
  • WWF únicamente contactará a aquellos candidatos que sean seleccionados como finalistas para entrevistas. 

 
1. RESUMEN DEL PROYECTO 
Actualmente el planeta enfrenta una severa crisis de pérdida de biodiversidad. Los impactos de esta pérdida sobre nuestro bienestar son cada vez mayores. Ejemplo de ello es la reciente pandemia como resultado de procesos de deforestación, del tráfico de especies, de la intensificación agrícola y ganadera, así como de los estragos que está causando el cambio climático. América Latina y el Caribe no se ha quedado atrás, enfrentando una disminución promedio del 94% en las poblaciones de vertebrados estudiadas. Los impactos económicos y sociales que la pérdida de biodiversidad y potenciales pandemias pueden tener sobre la humanidad son multimillonarias. Por lo anterior, es imperativo fortalecer esfuerzos e invertir de forma preventiva en la conservación de ecosistemas.
 
Las áreas protegidas han mostrado tener el mayor potencial para asegurar no sólo la conservación de la biodiversidad y la provisión de servicios ecosistémicos, sino también garantizar una amplia gama de beneficios colaterales, incluida la reducción de la pobreza y el cumplimiento de las ambiciones de desarrollo sostenible. Así, se ha demostrado por medio de investigaciones y artículos científicos cómo las áreas protegidas son fuente de suministro de agua, actúan como un factor para reducir el riesgo de desastres naturales, mantienen la seguridad alimentaria, apoyan al turismo basado en la naturaleza, enfrentan los impactos del cambio climático adaptación y mitigación, protegen los recursos culturales y espirituales, y preservan los servicios ecosistémicos para futuras generaciones. Así, la expansión y consolidación de los sistemas de áreas protegidas ayudará a aumentar el uso sostenible de los recursos naturales, apoyar los medios de vida de millones de personas y disminuir el riesgo de futuras enfermedades zoonóticas.
 
Las áreas naturales protegidas (ANP)[1] y otras medidas efectivas de conservación basadas en área (OMEC)[2] son enfoques de conservación basados en área para salvaguardar hábitats, especies y servicios ecosistémicos. Desde principios del milenio se ha logrado un progreso significativo en aumentar la cobertura de las ANP. Actualmente, alrededor de 16% de la superficie terrestre y 7.4% de los océanos están bajo algún esquema de conservación, ya sea como ANP u OMEC, pese a que únicamente el 2.5% del océano se encuentra en áreas altamente o totalmente protegidas (UNEP-WCMC, 2021).
 
Sin embargo, alrededor de 4,900 o el 33% de las Áreas Clave para la Biodiversidad (KBA, por sus siglas en inglés) permanecen sin estar bajo algún esquema de conservación. Además, la mayoría de las ANP son administradas por los gobiernos y han enfrentado el no contar con fondos suficientes para la gestión efectiva óptima requerida por los compromisos internacionales tales como el MGB post-2020, lo que ha llevado que la gestión sea insuficiente para detener procesos de cambio de uso de suelo y/o de degradación. Asimismo, los crecientes retos que enfrentan los sistemas de ANP en materia de fortalecer mayoritariamente la conectividad en grandes paisajes, y la necesidad de fortalecer las capacidades en territorio para afrontar el Cambio climático, la degradación de ecosistemas, acidificación oceánica, entre muchos más.
 
En varios países, el sobrecargar la responsabilidad de las ANP ha tenido efectos desfavorables a otras figuras, así mismo, ha ocasionado que el monitoreo de la efectividad de las ANP quede en segundo término al enfocarse en extensión territorial. Adicionalmente, es importante resaltar el valor de las áreas fuera de estas redes y sus sistemas de gestión y gobernanza asociados a nivel nacional e internacional, incluso por parte de pueblos indígenas y comunidades locales (PICL), propietarios privados y actores sectoriales, como agricultores, pescadores y silvicultores cuyos esfuerzos contribuyen a la conservación de la biodiversidad. Esto debido a que los PICL, en particular, son los custodios de los sitios naturales restantes del planeta, aseguran que los servicios ecosistémicos utilizados por personas fuera de sus territorios y comunidades se mantengan en calidad y cantidad (Garnett, 2018; WWF et. al., 2021).
 
Así, debemos partir de la idea de que tanto las ANP y las OMEC son necesarias y complementarias para conservar la biodiversidad en línea a alcanzar las metas del MGB post-2020. Es imperativo que cualquier acción que se tome sea en conjunto visualizando cómo unas pueden fortalecer las debilidades de las otras y buscar las estrategias para continuar fortaleciendo ambas estructuras.
 
En respuesta a los factores anteriores, entre otros, el paradigma de la conservación basada en áreas está cambiando. Entre 2001 y 2009, la legislación y las políticas internacionales sobre biodiversidad incorporaron los enfoques de derechos humanos y de equidad a través del Plan de Acción de Durban que se adoptó en el V Congreso Mundial de Parques de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, 2003) y el Programa de Trabajo sobre Áreas Protegidas del Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB, 2004). Asimismo, el 'nuevo paradigma para las áreas protegidas' (Phillips, 2003) surgió cuando el concepto de 'gobernanza' se amplió para incluir a los PICL como autoridades de gobernanza legítimas, además de actores estatales y privados, bajo todos los tipos de gestión (Dudley, 2008). Entre 2010 y 2017, se desarrollaron guías para implementar este nuevo paradigma, centrándose en territorios y áreas conservadas por los PICL (Borrini-Feyerabend et. al. 2013) y áreas protegidas privadas (Stolton et. al., 2014).
 
El paradigma de la conservación basada en áreas siguió avanzando cuando los países parte ante el Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB) incluyeron una referencia a las OMEC en la Meta 11 del Plan Estratégico para la Biodiversidad 2010-2020(CDB, 2010; Jonas et. al., 2014, 2018). Si bien las ANP son sitios decretados con el objetivo de conservar la biodiversidad, las OMEC son áreas complementarias para lograr la conservación de la biodiversidad in situ a largo plazo, especialmente aquellas conservadas por PICL, propietarios privados y actores sectoriales. Así, la Meta 11 de Aichi logró hacer hincapié en la representatividad y conectividad ecológicas, así como en la integración de ANP y OMEC en paisajes terrestres y marinos más amplios.
 
También hay un enfoque cada vez mayor en los vínculos entre la conservación basada en áreas y el cambio climático, tanto en términos de apoyo a áreas y personas para adaptarse a un clima cambiante, como en términos de cómo esas áreas contribuyen a la mitigación climática. Estos cambios están teniendo ramificaciones importantes para los tipos de áreas y autoridades gubernamentales que se incluyen en los marcos nacionales de conservación con implicaciones para la inclusión, la eficacia de la conservación y la resiliencia climática. En particular, y aunado a un mayor enfoque de integración de los PICL, los propietarios de tierras privadas y los actores sectoriales, como los que se dedican a la agricultura, la pesca y la silvicultura, participan cada vez más en los esfuerzos de conservación.
 
Actualmente se encuentra bajo negociación el nuevo Marco Global de Biodiversidad post-2020 y el borrador de la Meta 3 contempla el siguiente texto:
 
Asegurar que al menos el 30 por ciento de las áreas terrestres y marinas a nivel mundial, especialmente las áreas de particular importancia para la biodiversidad y sus contribuciones a las personas, se conservan a través de sistemas de áreas protegidas y otras medidas eficaces de conservación basadas en áreas gestionadas de manera eficaz y equitativa, ecológicamente representativas y bien conectadas, y se integran en los paisajes terrestres y marinos más amplios
 
En este sentido, uno de los principales esfuerzos derivado de la Meta 3 será el de los países y tomadores de decisión trabajando en aumentar su cobertura de ANP y OMEC[3] hacia alcanzar o superar el objetivo acordado para 2030. Para ello será fundamental que las OMEC sean consideradas/contabilizadas bajo criterios técnicos acordados por Las Partes del CDB, particularmente en México que no hay una definición puntual acordada de las mismas. Es importante que cualquier plan en el que las comunidades identifiquen su forma de aportar a las metas, sea bajo criterios acordados y trabajados de manera conjunta entre instituciones con atribuciones y responsabilidades ante el MGB post-2020. Esto como salvaguarda a que su trabajo se integre en reportes futuros.
 
Esto requerirá considerar distintos enfoques de gobernanza y de gestión a nivel de sitio y a nivel de red, así como la implementación de políticas, sistemas, herramientas y alianzas que catalicen el cambio y faciliten el impacto a escala. Si bien, parte del aumento en la cobertura del área se logrará mediante la designación de nuevas ANP, particularmente en áreas marinas, es probable que un porcentaje significativo de este aumento provenga de las OMEC recientemente identificadas, incluidas aquellas gobernadas y gestionadas por pueblos indígenas y comunidades locales, así como otros tomadores de decisión.
 
Esto pondrá un énfasis significativo en al menos dos temas, incluyendo:
  1. Inclusión, derechos y equidad: para la Meta 3 es fundamental el principio que los procesos de planificación a nivel nacional de los países deben ser inclusivos y basados ​​en derechos, empezando por la participación plena y efectiva de todos los titulares de derechos y partes interesadas relevantes y el respeto por su derecho a dar o negar su consentimiento libre, previo e informado. También es imperativo que las ANP existentes o nuevas y las OMEC recientemente identificadas se rijan y gestionen adecuadamente de manera que cumplan con los principios de gobernanza, participación, equidad y distribución de beneficios como pilar prioritario (Decisión CDB 14/8, Anexo II, 2018), adicional a criterios técnicos que justifiquen su consideración y pueda ser respaldado y reconocido por el MGB post-2020 del CDB.
  2. Conservación efectiva: Si bien el enfoque principal hasta la fecha ha sido la eficacia de la gestión dentro de las ANP, la Decisión 14/8 (2018) del CDB sobre ANP y OMEC ha cambiado el énfasis hacia los resultados de conservación a largo plazo. Esto ha puesto un mayor énfasis en medir y reportar la efectividad de la conservación, incluso a través del uso de sistemas de conocimiento local, según corresponda. También ha aumentado la importancia de reportar y asegurar resultados en temas como la representatividad ecológica y la conectividad, así como la planificación de escenarios futuros bajo el cambio climático.
 
Para cumplir con la Meta 3 del MGB post-2020, la conservación basada en áreas necesita un cambio de paradigma que impulse la acción transformadora a escala global, analizando el estado actual en que se encuentran los actores de la tierra (quienes trabajan en ella), desde una perspectiva del estado de la tenencia de la tierra, desigualdad social, delincuencia organizada y enfoque de género. Este cambio debe crear sinergias entre la conservación de la biodiversidad, el desarrollo humano y la acción climática. En el futuro, los esfuerzos de conservación basados en áreas deben tener como objetivos igualmente válidos la conservación de la naturaleza y el mantenimiento de las contribuciones de la naturaleza a las personas. Para lograr estos ambiciosos objetivos, debemos ir más allá de la expansión de las ANP como estrategia principal para aumentar la conservación basada en áreas y desarrollar una serie de acciones con visión de paisajes que integre biomas terrestres, acuáticos y costero-marinos, con la participación de todos los actores relevantes en el territorio, incluidos los PICL.
 
Se deben considerar los valores actuales y futuros para las personas y la naturaleza, prestando especial atención en evitar los efectos adversos de la conservación en el bienestar humano y promover los beneficios de la naturaleza para las personas. Las estrategias para lograrlo incluyen: adoptar un enfoque basado en ciencia, trabajar a través de asociaciones en múltiples niveles, trabajar a través de un lente climático y usar nuevos modelos para abordar las brechas de financiamiento.
 
El objetivo de este proyecto financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas en inglés) es: apoyar en la planificación de los países para cumplir o superar la Meta 3 del MGB post-2020 de manera inclusiva y efectiva. Las actividades incluyen: 1) diseñar una guía para que todos los países puedan desarrollar un plan de implementación y 2) apoyar a que seis países (México, Ecuador, Chile, Namibia, Zimbabwe y Nepal) desarrollen, por medio de métodos participativos y de co-creación, talleres en sus países con una amplia gama de partes interesadas relacionadas con la Meta 3 del MGB post-2020 para discutir con un enfoque de lo local a lo nacional el nivel de prioridades, revisar los datos existentes, analizar las brechas de datos y desarrollar planes nacionales para la implementación efectiva de la Meta 3.
 
Este proyecto contribuirá al objetivo GEF del área focal de Biodiversidad BD 2-7: “Abordar los impulsores directos para proteger hábitats y especies, y mejorar la sostenibilidad financiera, la gestión eficaz y la cobertura de ecosistemas del patrimonio mundial de áreas protegidas”.
 
2. CONTEXTO DEL PROYECTO EN MÉXICO
A pesar de los esfuerzos globales para implementar medidas efectivas para detener la pérdida de biodiversidad, promover el desarrollo sostenible y garantizar ecosistemas y comunidades resilientes, aún queda mucho por hacer. Varios informes indican que la pérdida de biodiversidad global continúa creciendo a un ritmo acelerado, comprometiendo el logro de varios Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda de Desarrollo 2030.
 
A través de las ANP oficialmente establecidas hasta la fecha y siguiendo el compromiso del país con las Metas de Aichi 2011-2020, México logró cubrir el 13.25% de su superficie terrestre, y el 22.9% de su Zona Económica Exclusiva (ZEE) marina, superando este segundo componente en 12.9 % con respecto al compromiso del 10%. El área de tierra restante a proteger para alcanzar la meta del 17% es de 7,8 millones de hectáreas de territorio terrestre. Estos resultados fueron presentados al CDB por el Gobierno de México en noviembre de 2020, justo antes de que expiraran las Metas de Aichi.
 
Mientras los gobiernos se preparaban para negociar el MGB post-2020, México empezó un proceso de identificación y coordinación de esfuerzos para avanzar en el cumplimiento de los compromisos ante el CDB y la Agenda 2030. Distintas medidas basadas en áreas de conservación, restauración y desarrollo sostenible contribuyen al cumplimiento de estos compromisos, incluida la conservación de los ecosistemas; la restauración de ecosistemas degradados y la recuperación de especies amenazadas o en peligro de extinción; la provisión de servicios ecosistémicos; la resiliencia de los ecosistemas y las comunidades; el uso sostenible de la biodiversidad; y el bienestar de la población. Estas medidas son herramientas inclusivas implementadas por una amplia variedad de partes interesadas, incluidos los PICL, el sector privado, las OSC y los gobiernos.
 
Este proyecto GEF complementa esfuerzos anteriores de México al delinear claramente una estrategia sobre cómo implementar de manera efectiva la Meta 3 del MGB post-2020 y cumplir con el compromiso del 30% en conservación para el final de la década de forma inclusiva, participativa y con un enfoque basado en derechos. También representa una gran oportunidad para el país, ya que el Gobierno de México prioriza más que nunca los enfoques inclusivos. Por lo tanto, contar con taller de co-creación permitirá que esta sea una estrategia transversal y multinivel para el país.
 
PRINCIPALES RESPONSABILIDADES
  • Llevar la agenda y dar seguimiento del Proyecto en apoyo a la DGTG-SRE. Apoyar a la DGTG-SRE en coordinar todas las acciones técnicas en el marco del Proyecto.
  • Dar seguimiento a los acuerdos de los distintos espacios del proyecto.
  • Coordinar la realización de minutas, así como desarrollar y revisar que las cartas descriptivas para la realización de talleres o reuniones sean acordes con las prioridades de la DGTG-SRE.
  • Apoyar en la generación de información relevante para el Proyecto.
  • Apoyar a DGTG-SRE en las conversaciones vinculadas para dar seguimiento y desarrollar una Iniciativa de Implementación Inclusiva y Efectiva para la Meta 3 del Marco Global de Biodiversidad (MGB) post-2020.
  • Sistematizar las lecciones aprendidas del Proyecto de la mano del punto focal de WWF México.
 
  1. REFERENCIAS RELEVANTES
 
[1] Espacio geográfico claramente definido, reconocido, dedicado y administrado, a través de medios legales u otros similarmente efectivos, para lograr la conservación de la naturaleza con sus servicios ecosistémicos asociados y valores culturales (UICN, 1994).
[2] Zona delimitada geográficamente que no sea un área protegida y que esté gobernada y gestionada de manera tal de lograr en forma sostenida resultados positivos y duraderos para la conservación de la diversidad biológica in situ, con funciones y servicios asociados de los ecosistemas y, donde proceda, valores culturales, espirituales, socioeconómicos y otros valores pertinentes a nivel local (CDB, 2018).
[3] Para mayor referencia, referirse a la Decisión 14.8 adoptada en la CoP 14 del CDB: CBD/COP/DEC/14/8 así como los lineamientos desarrollados por UICN-CMAP.