Descubre el día a día en el Puerto Abel Guerra, ubicado en Yurimaguas | WWF

Descubre el día a día en el Puerto Abel Guerra, ubicado en Yurimaguas



Posted on 11 septiembre 2017
Puerto Abel Guerra, ubicado en Yurimaguas.
Puerto Abel Guerra, ubicado en Yurimaguas.
© Sebastián Castañeda / WWF Perú
A las siete de la mañana del día que debemos partir de Yurimaguas, el puerto Abel Guerra es un hervidero de gente. Desde temprano han ido llegando automóviles, camionetas, camiones y trailers de tamaños aparatosos para dejar el valioso cargamento que habrá de ser transportado a los pueblos más remotos de este océano interior que es el río Marañón: jabas repletas de gallinas, bolsas de cemento, cajas de cerveza, paquetes de fideos, motocarros recién salidos de fábrica, ladrillos, fierro de construcción, calaminas, entre otros. Todo esto es acomodado con rapidez y orden en las bodegas de varias embarcaciones como el Wachito I, el Eloy Eloy, el Jorge Alberto y el Arleysi IIque esperan en el viejo muelle. Es así como los ríos en la Amazonía se convierten en las carreteras por donde se transportan los productos más inverosímiles. 

Sobre la cubierta de nuestra embarcación, Denis Panashe, indígena quechua de la comunidad de Wayko, en Lamas y dirigente de una de las federaciones indígenas más importantes de la región refiere que hasta hace poco era posible ver bufeos dando saltos en esta parte del río. “Ya no es como antes, comenta, el tráfico en los ríos se ha vuelto insoportable, los bufeos se han tenido que ir a otra parte. O simplemente esconderse”.

Denis recorre los principales pueblos de la región para hablar de desarrollo en nombre de su organización. Para los indígenas amazónicos el progreso que reclaman los pobladores de las ciudades supone el fin de un modo de vida que durante siglos ha sido respetuoso de los ecosistemas amazónicos y la salud de sus ríos. “De verdad, continúa, estamos matando a la madre naturaleza, a los espíritus del bosque.  Por eso los bufeos se están yendo a los caños más alejados…”.

Cerca de las nueve de la mañana, el Wachito I hace sonar sus poderosas bocinas indicando que el viaje debe empezar. Lentamente la motonave se va alejando de Yurimaguas en medio de una flota inacabable de botes y lanchones de todos los tamaños y procedencias. Media hora después de haber zarpado nos topamos cara a cara con un barco gigantesco, un transporte fluvial repleto de combustible. Una bomba de tiempo avanzando en medio de la bruma y el paisaje estremecedor. “No estamos en contra del desarrollo, comenta Denis, lo que queremos es que haya orden, que el crecimiento sea sensato, sin destruir lo que es nuestro. ¿Sabes?, agrega como tratando de cambiar de conversación, si con ustedes hubiera venido una mujer embarazada, tendríamos muchos bufeos dando vueltas por aquí, son así esos bandidos…”. Su risa contagiosa se deja escuchar por toda nuestra embarcación. En el techo de la nave, los seis investigadores de la expedición prosiguen su trabajo. No tienen tiempo que perder.